
Dominar la parte intermedia: las millas por las que nadie te aplaude
En un maratón, la gente se junta en dos lugares. Hay música, familia y un mar de ruido en la línea de salida, y hay otro mar de ruido en la meta. La carrera se decide a lo largo de las millas que hay en medio, donde nadie está mirando y nada parece importante. Un negocio se construye de la misma manera, y la mayoría de los dueños se rinden a la mitad. La motivación nunca fue el plan. Cualquiera puede motivarse por un momento. Ese es precisamente el problema, porque esa sensación se desvanece en menos de un mes. Lo que lleva a una empresa a cumplir su cuarto año no es el entusiasmo; es organizar tus condiciones para que puedas enfocarte en lo más fácil que haya. Más dueños pierden sus empresas por las distracciones que por la incompetencia, y la distracción es un problema del entorno mucho antes de que se convierta en un problema de carácter. Pon a alguien en una habitación blanca y vacía con un punto negro en la pared, y se fijará en el punto, porque es lo más interesante que hay ahí. Ese es todo el secreto de la concentración. No vas a ganar en fuerza de voluntad a un celular que se ilumina cada noventa segundos. Lo que harás es cambiar el ambiente: bloquear el calendario para que nadie pueda acceder, desactivar las notificaciones, cerrar la puerta y tener solo un archivo abierto. La misma cosita, una y otra vez Ese punto negro es una cosita. Es una tarea que se repite todos los días. Durante dos años, cuando empecé mi negocio, dedicaba la primera hora de cada mañana a la misma lista antes de que llegara nadie más al edificio. Ninguna de esas mañanas me pareció que supusiera un avance, pero a lo largo de esos dos años, mi negocio prosperó porque mantuve un enfoque persistente y constante en el negocio, no dentro del negocio. San Josemaría Escrivá llamaba “heroica» precisamente esa labor. «Haz todo por amor. Así…»













