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Cómo tomar decisiones difíciles en los negocios sin perder el sueño… ni tu alma

Por Jo Holt

Todo empresario conoce esa sensación. Son las 3 de la madrugada y tu mente no para: das vueltas a la misma decisión una y otra vez. ¿Despides a alguien que no rinde pero que ha sido leal durante años? ¿Dejas ir a un cliente que paga bien pero te quita la paz? ¿Aceptas el contrato que lleva a tu equipo al límite? ¿Incorporas a un socio cuya visión no coincide del todo con la tuya, pero cuyos recursos resolverían tus problemas inmediatos? ¿Tomaste la decisión correcta o incorrecta hoy? ¿Es una especie de remordimiento del comprador?

Las decisiones difíciles son el precio inevitable que hay que pagar por liderar. Pero para los empresarios católicos, estas decisiones tienen un peso adicional, porque sabes que la forma en que decides es tan importante como lo que decides.

La mayoría de los marcos de toma de decisiones te dirán que evalúes los datos, simules los resultados y elijas la opción con mayor rentabilidad. Pero se olvidan de las dos cosas que realmente te importan: las personas afectadas y si puedes respaldar la decisión con integridad.

La próxima vez que te enfrentes a una decisión que no te deja en paz, únete a Dios en oración y sigue estos pasos:

Paso 1: Claridad

Antes de poder tomar una buena decisión, tienes que definir qué significa “buena” en esta situación. La mayoría de los empresarios se lanzan directamente a las opciones sin definir primero los resultados. Pregúntate: ¿cómo sería una resolución satisfactoria, no solo desde el punto de vista financiero, sino para todos los involucrados? Cuando defines el éxito en términos generales, tus opciones se concretan rápidamente.

Paso 2: Asesoramiento

Warren Buffett dijo una vez que se necesitan 20 años para construir una reputación y cinco minutos para arruinarla. Una de las razones por las que los líderes toman decisiones que dañan su reputación es que las toman en solitario. Identifica a dos o tres personas en tu vida —no a quienes siempre te dan la razón, sino a voces sinceras— a quienes consultes antes de tomar decisiones importantes. Elige cuidadosamente quiénes son esas personas. Deben conocer tu sector, compartir tus valores y preocuparse más por tu integridad a largo plazo que por tu comodidad a corto plazo. 

Paso 3: La conciencia

Una vez que tengas las cosas claras y hayas recibido consejo, queda una última comprobación. Pregúntate: ¿me sentiría cómodo si mi equipo, mi familia y Dios pudieran ver lo que estoy haciendo y por qué? No se trata de sentir culpa. Se trata de integridad, y como nos recordó Eisenhower, sin integridad no es posible alcanzar un éxito verdadero.

Los líderes que duermen tranquilos no son los que siempre toman decisiones perfectas. Son los que cuentan con un proceso en el que se puede confiar.

La próxima vez que una decisión te tenga dando vueltas, deja de barajar opciones y empieza a aplicar el marco de referencia. Ten claro qué es lo que realmente te conviene. Busca consejos sinceros. Haz un examen de conciencia.

Tu negocio saldrá ganando. Y tú también.

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