La Iglesia lleva mucho tiempo dedicando el mes de mayo a la Santísima Virgen María, y con razón. Ella puede ser el instrumento a través del cual nuestras oraciones imperfectas se elevan, se purifican y se presentan al Corazón de su Hijo.
María nunca se queda con lo que recibe. Cada gracia que recibe, la reparte. Cada oración que recoge, la embellece y se la ofrece a su Hijo. Este es el misterio más profundo de la devoción de mayo: María nos lleva siempre al Sagrado Corazón de Jesús, el horno del amor divino, el Corazón que se niega a permanecer indiferente ante nuestras luchas, nuestros pecados y nuestros sufrimientos.
A los empresarios: si sientes el peso de las decisiones, la tensión entre las ganancias y los principios, las oraciones que parecen quedarse sin fuerza al mediodía, Nuestra Señora te invita: “Tráemelo todo. Todo”.”
Trae tus ambiciones, tus miedos, incluso tus motivaciones más oscuras. A ella no le sorprende nada. Es una madre. Lo que María hace con lo que le traemos es extraordinario: lo purifica y lo presenta, ya refinado, al Sagrado Corazón de su Hijo. No necesitas intenciones perfectas para empezar. Solo necesitas la humildad para decir: “Madre, toma lo que tengo. Purifícalo. Preséntaselo a Jesús”.”
A aquellos que ya han dado su «sí» —que han consagrado su vida y ahora lo están pasando mal—, escuchad esto: vuestro «sí» está dando fruto, aunque no lo veáis.
El “fiat” de María no la protegió del sufrimiento. La condujo directamente al plan más perfecto de Dios. Y gracias a ese «sí», el mundo se salvó. Tu consagración no es una estrategia para conseguir resultados cómodos. Es una participación en ese mismo misterio.
Renueva tu “sí” hoy mismo. Especialmente en los momentos difíciles y los días duros. Recorres este camino junto a cada alma que alguna vez ha confiado lo suficiente en María como para poner algo precioso en sus manos. Ella es una Madre perfecta, que cuida de sus hijos.
Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros.