Mastering The Middle (1)

Dominar la parte intermedia: las millas por las que nadie te aplaude

Por Adam Minihan

En un maratón, la gente se junta en dos lugares. En la línea de salida hay música, familia y un muro de ruido, y en la meta hay otro muro de ruido. La carrera se decide a lo largo de las millas que hay en medio, donde nadie está mirando y nada parece importante. Un negocio se construye de la misma manera, y la mayoría de los dueños se rinden a mitad de camino.

La motivación nunca fue parte del plan

Cualquiera puede sentirse motivado por un rato. Ese es precisamente el problema, porque esa sensación se desvanece en menos de un mes. Lo que mantiene a una empresa a flote hasta el cuarto año no es el entusiasmo; es organizar las cosas de tal manera que puedas enfocarte en lo más fácil que haya.

Más dueños pierden sus empresas por distracciones que por incompetencia, y la distracción es un problema del entorno mucho antes de que se convierta en un problema de carácter. Pon a alguien en una habitación blanca y vacía con un punto negro en la pared, y se quedará mirando ese punto, porque es lo más interesante que hay ahí. Ese es todo el secreto de la concentración. No vas a poder vencer con fuerza de voluntad a un celular que se ilumina cada noventa segundos. Lo que vas a hacer es cambiar el entorno: un calendario que nadie pueda consultar, las notificaciones desactivadas, la puerta cerrada y solo un archivo abierto.

Siempre lo mismo, una y otra vez

Ese punto negro es algo pequeño. Es una tarea que se repite todos los días. Durante dos años, cuando empecé mi negocio, le dedicaba la primera hora de cada mañana a la misma lista antes de que llegara nadie más al edificio. Ninguna de esas mañanas me pareció que supusiera un avance, pero a lo largo de esos dos años, mi negocio prosperó porque mantuve un enfoque persistente y constante en el negocio, no en el día a día del negocio.  San Josemaría Escrivá llamaba “heroica” precisamente esa labor. «Hazlo todo por Amor. Así no habrá cosas pequeñas: todo será grande. La perseverancia en las cosas pequeñas por Amor es heroísmo» (El Camino, 813). La tarea en sí misma no es gran cosa. Lo que la hace heroica es hacerla por amor en esas mañanas en las que no sientes nada y no hay nadie que te anime, y luego volver a hacerlo al día siguiente. 

Concéntrate en una sola cosa

Las Escrituras dan la misma instrucción usando la metáfora de correr una carrera. “Deshagámonos de todo peso y del pecado que nos ata, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante, con la mirada fija en Jesús” (Heb 12:1-2). Ambas partes de esa frase tienen que ver con la atención. Deja lo que te ata y enfoca tu mirada en una sola cosa. Esa perseverancia se pide y se recibe, no se inventa, por eso las millas intermedias deben estar tanto en tu oración como en tu calendario.

Una carga que pesa sobre casi todos los dueños es la carrera de otra persona. La empresa con la que siempre estás comparando la tuya está pasando por una etapa intermedia que nunca ves, y comparar tu martes cualquiera con su gran anuncio de la empresa te va a costar tiempo y energía que deberías dedicar a tu propia empresa. 

Un cambio esta semana

Elige la tarea más importante de tu negocio y conviértela en tu “punto negro”. A la misma hora del día, en el mismo lugar de tu oficina, con un solo archivo abierto, antes de que el día se llene de las urgencias de los demás. Hazlo de manera constante, sobre todo en los días en que te falte motivación. Los días en los que lo haces con constancia se van sumando, y dos años después, mirarás hacia atrás y verás el progreso que lograste gracias a tu determinación de mantenerte enfocado en la misión. 

Ofrece la parte del medio a nuestro Señor, que lo ve todo. Consagra tu empresa al Sagrado Corazón, y deja que esos años en los que nadie te aplaude cuenten para algo eterno.

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