PREPARACIÓN PARA LA CONSAGRACIÓN DE LA EMPRESA
Día 6: Un discípulo que ama con valentía
+ En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
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LECTURA BÍBLICA: ACOGE AL ESPÍRITU SANTO EN TU VIDA
Romanos 8,26-27
Y de igual manera, también el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza.
Pues nosotros no sabemos pedir como conviene;
mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables,
y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu,
y que su intercesión a favor de los santos es según Dios.
REFLEXIÓN: UN DISCÍPULO QUE AMA CON VALENTÍA
Un verdadero discípulo de Jesucristo abraza el llamado a amar con valentía, ejemplificando la esencia del amor “ágape”, que va más allá del mero afecto para hacer vida la acción desinteresada y generosa. Arraigado en el propio mandamiento de Cristo en la Última Cena —“Ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Juan 13:34)—, este tipo de amor motiva a los discípulos a asumir riesgos por el bien de los demás, demostrando compasión incluso en situaciones difíciles.
La forma de vivir y amar de Cristo es el modelo y el patrón de cómo debe vivir un cristiano en el mundo. Esto se muestra de manera poderosa en la parábola del buen samaritano. En la historia, el samaritano demuestra compasión y cuidado por un viajero herido que otros ignoran, redefiniendo lo que significa ser prójimo. Para quienes se encuentran en un contexto empresarial, esto significa tratar a cada empleado como un prójimo, creando una cultura de apoyo y empatía. Al abordar activamente las necesidades de los empleados y fomentar una cultura de cuidado en el entorno laboral, los líderes empresariales pueden reflejar el amor de Cristo en sus organizaciones, cultivando en última instancia un entorno en el que todos puedan prosperar juntos.
Jesús asumió nuestra naturaleza humana; se convirtió en uno de nosotros en carne y hueso. Jesús transformó nuestro mundo material con su divinidad. Del mismo modo, los cristianos están llamados a transformar su mundo material, a santificar el mundo que les rodea mediante una vida santa y devota, siguiendo los pasos de Cristo.
Como empresario consagrado, tú y tu empresa están llamados a ser transformados radicalmente por el amor de Dios. Como empresario consagrado, tu misión es tomar algo humano, temporal y mundano y transformarlo, por la gracia de Dios y tu participación en ella, en una fuente de recompensa eterna y una fuerza para el bien en el mundo.
ORACIÓN DE LA NOVENA
Señor Jesucristo, te adoro con todo mi corazón. Confiando en tu profundo y personal amor por mí, hago esta novena en preparación para la consagración de mi empresa a tu gloria y a tu servicio. Te pido que purifiques mi corazón y que hagas de la consagración un acto sincero de amor y devoción que redunde en tu gloria, ahora y en los años venideros”. Te pido humildemente que protejas mi empresa y a todos aquellos que están o estarán relacionados con ella de alguna manera: el equipo directivo, los empleados, los clientes y todos los que entran en contacto con ella. Haz de esta empresa una verdadera fuente de consuelo para ti, un canal de tu poderoso e ilimitado amor, y un instrumento que sirva para consolar, fortalecer e inspirar a muchos, especialmente a los más necesitados de tu misericordia.
Confiando en tu promesa de que todo lo que pidamos al Padre en tu nombre nos será concedido, te presento hoy humildemente las siguientes peticiones:
[Expresa aquí tus peticiones personales para tu empresa].
Haz con mi empresa lo que quieras. Tú me la diste. A ti te la devuelvo.Do with my business whatever you will. You have given it to me. I return it to you.
¡A ti sea la gloria, la alabanza y la acción de gracias por toda la eternidad!
ORACIONES FINALES
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal. Amén
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, los pecadores, ahora y en la hora
de nuestra muerte. Amén
Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén
Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
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