PREPARACIÓN PARA LA CONSAGRACIÓN DE LA EMPRESA
Día 4: Tu segunda vocación
+ En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
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LECTURA BÍBLICA: HACIENDO LA VOLUNTAD DEL PADRE
Mateo 7,21-23
No todo el que me diga: “Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos,
sino el que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos
me dirán aquel Día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y
en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos
milagros?” Y entonces les declararé: “¡Jamás os conocí; apártense de
mí, malhechores!”
REFLEXIÓN: TU SEGUNDA VOCACIÓN
Dios nos llama a cada uno de nosotros a ser santos, y esta vocación personalizada incluye un llamado específico relevante para nuestra condición en la vida. Como dueño de negocio, eres un laico que da testimonio de Cristo y construye Su Reino en el mundo secular. Al consagrar tu empresa al Señor, renuevas tu compromiso con esta misión, transformando tu negocio en un puesto de avanzada del Reino de Cristo.
El verdadero propósito de tu empresa va más allá de la creación de valor y utilidades. Como miembro bautizado del Reino de Cristo, tu trabajo tiene un significado tanto temporal como eterno. Consagrar tu negocio es reconocer este propósito trascendente, enfatizando el objetivo de maximizar tu Retorno de Inversión Eterno (E-ROI™).
El gran teólogo inglés C. S. Lewis comentó una vez que en la vida tenemos dos opciones: ayudar a los demás a llegar al cielo o ser un obstáculo para ellos. Cada persona tiene un valor eterno; nadie es en realidad un “simple mortal”.
Durante todo el día, en cierta medida, nos ayudamos unos a otros a alcanzar uno u otro de estos destinos [el cielo o el infierno]. Es a la luz de estas abrumadoras posibilidades, es con el asombro y la prudencia que les son propios, que debemos conducir todas nuestras relaciones con los demás, todas las amistades, todos los amores, todos los juegos, toda la política. No existen personas ordinarias. Nunca has hablado con un simple mortal.
– C.S. Lewis, EL peso de la gloria
His Way At Work reconoce que, como líder empresarial, debes tener en cuenta esta dimensión eterna a la hora de tomar decisiones y tratar con empleados, clientes y partes interesadas. Si reconociéramos el valor eterno de un alma, nunca trataríamos a otra persona como un medio para nuestros propios fines egoístas.
Nuestra segunda vocación nos llama a maximizar nuestro E-ROI haciendo vida los dos mandamientos más importantes: amar a Dios y amar al prójimo. Al centrar tu empresa en Dios y servir a tu comunidad, honras este llamado. Tu organización se convierte en una comunidad centrada en Dios en la que tú, como su administrador, ayudas a cumplir la misión de Dios en el mundo.
ORACIÓN DE LA NOVENA
Señor Jesucristo, te adoro con todo mi corazón. Confiando en tu profundo y personal amor por mí, hago esta novena en preparación para la consagración de mi empresa a tu gloria y a tu servicio. Te pido que purifiques mi corazón y que hagas de la consagración un acto sincero de amor y devoción que redunde en tu gloria, ahora y en los años venideros”. Te pido humildemente que protejas mi empresa y a todos aquellos que están o estarán relacionados con ella de alguna manera: el equipo directivo, los empleados, los clientes y todos los que entran en contacto con ella. Haz de esta empresa una verdadera fuente de consuelo para ti, un canal de tu poderoso e ilimitado amor, y un instrumento que sirva para consolar, fortalecer e inspirar a muchos, especialmente a los más necesitados de tu misericordia.
Confiando en tu promesa de que todo lo que pidamos al Padre en tu nombre nos será concedido, te presento hoy humildemente las siguientes peticiones:
[Expresa aquí tus peticiones personales para tu empresa].
Haz con mi empresa lo que quieras. Tú me la diste. A ti te la devuelvo.Do with my business whatever you will. You have given it to me. I return it to you.
¡A ti sea la gloria, la alabanza y la acción de gracias por toda la eternidad!
ORACIONES FINALES
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal. Amén
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, los pecadores, ahora y en la hora
de nuestra muerte. Amén
Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén
Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.