ACOGE UN LLAMADO SUPERIOR.
Estás invitado a declarar tu empresa como un puesto de avanzada de Su Reino eterno.
CONSAGRA TU EMPRESA
Da un paso significativo hacia dirigir tu empresa conforme al propósito de Dios. Asiste a una Misa de Consagración cerca de ti o lleva una a tu localidad.

¿POR QUÉ CONSAGRAR?
Consagrar tu empresa es una declaración pública de amor. En este acto, reconoces que tus talentos y tu empresa son un don de Dios y que se te confía como administrador para crear un impacto duradero y eterno alineado con Su divina voluntad y gloria. Te invitamos a consagrar tu empresa al Sagrado Corazón de Jesús.
COMIENZA EL CAMINO
His Way At Work ofrece materiales promocionales y recursos litúrgicos GRATUITOS para ayudar a tu parroquia a celebrar una Misa de Consagración. Antes de ello, los empresarios se preparan y disciernen este llamado a través de nuestra serie de videos GRATUITA.


ÚNETE A NUESTRA COMUNIDAD
Tras la Misa de Consagración, los empresarios continúan su camino con nuestra Asociación de Empresas Consagradas, donde reciben recursos digitales, apoyo global y herramientas de transformación empresarial.
APOYO LOCAL
Algunas diócesis y parroquias se asocian con His Way At Work para crear un capítulo local de nuestra asociación, donde los miembros pueden reunirse mensualmente para recibir alimento espiritual, fraternidad, sabiduría y rendición de cuentas. ¡Consulta nuestros capítulos activos!

¡ORGANIZA UNA MISA DE CONSAGRACIÓN EN TU LOCALIDAD!
"*" señala los campos obligatorios
PREGUNTAS FRECUENTES
En su sentido estricto, se refiere a la consagración que Jesús hace al Padre, y al uso formal, sacramental y litúrgico que la Iglesia Católica da al término (como en la consagración de la Eucaristía, de un obispo, de un altar, etc.).
En su sentido amplio y no técnico, significa apartar algo para Dios y para los propósitos de Dios. Significa “hacer santo” algo. Es un acto devocional de adoración a Dios al ofrecerle a Él algo de uno mismo o de las propias posesiones.
Sí. Un cristiano bautizado puede ofrecer a Dios, por medio de Jesucristo, su persona, su tiempo, talentos y tesoros. Esto abre la posibilidad de ofrecer a Dios (es decir, “consagrar”) el fruto de nuestro trabajo. Esta consagración se entiende en el sentido amplio y no técnico de la palabra.
Dado que el trabajo humano en el mundo es un mandato de Dios (Génesis 1,28) y que el trabajo humano tiene dignidad y valor por el simple hecho de ser trabajo humano, la producción creativa de una persona y los frutos de su labor son un don digno que puede ofrecerse a Dios con un propósito superior. De esta manera, el trabajo, los productos y los servicios de una empresa pueden ser ofrecidos a Dios.
Cuando se entiende en sentido amplio, cualquier cristiano bautizado puede hacer “ofrendas” a Dios, tales como, pero no limitadas a: oraciones, sacrificios personales, donaciones a la Iglesia, donaciones a los pobres, el tiempo de uno y el trabajo de uno.
Los accionistas y fundadores de organizaciones sin ánimo de lucro pueden consagrar su empresa.
Sí. Por ejemplo, en la primera carta de Pedro, se nos dice que somos un sacerdocio santo y real. Un sacerdote es aquel que ofrece sacrificios a Dios. Dice: También ustedes, cual piedras vivas, entren en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo (1 Pedro 2,5).
Hay cuatro diferencias.
En una “consagración a Dios” hay un cambio de algo o alguien de una cosa a otra. En el acto de consagración, algo común o terrenal se convierte en algo santo y apartado. Una transformación sucede. Una empresa consagrada queda, por tanto, apartada para Dios y Sus propósitos y, por ello, es “diferente” de cualquier otra empresa comercial.
La primera diferencia es que el fundador original y director general (CEO) de una empresa consagrada comparte el papel de Cristo como el Buen Pastor de su compañía, cuidando y otorgando dignidad a todos a quienes sirve. El fundador y líder de una empresa consagrada se preguntará: Si Jesús fuera el CEO, ¿qué haría?
La segunda diferencia es que la empresa recibe un propósito y un llamado más alto. La meta ya no es meramente tener utilidades, sino contribuir a la gloria de Dios y al cumplimiento de Sus planes divinos. Nada de lo que hacemos es temporal. Como cristianos, todo lo que hacemos tiene un propósito eterno. El negocio de un cristiano puede y debe convertirse en su campo de misión.
La tercera diferencia es que el líder de una empresa consagrada está invitando a que la gracia de Dios se derrame sobre todos los involucrados: empleados, familias de los empleados y clientes. En este sentido, el líder de la empresa se está abriendo junto con su familia en su conjunto a Dios. Un líder de una empresa consagrada crea un puesto de avanzada del Reino de Cristo en la tierra.
La cuarta diferencia es que los líderes de empresas consagradas están prometiendo ante Dios abrazar plenamente la Doctrina Social de la Iglesia Católica. Procuran asegurar que el ambiente, las políticas y los comportamientos compartidos de la empresa consagrada creen las “condiciones sociales” que permitan a todos los involucrados florecer más plenamente y con mayor facilidad conforme al plan divino de Dios.
Cualquier propietario de una empresa o fundador de una organización sin ánimo de lucro es bienvenido a consagrar su empresa, independientemente de sus creencias religiosas. Sin embargo, nuestra consagración implica las enseñanzas de la Iglesia Católica. Los propietarios no católicos pueden unirse a la Asociación de Empresas Consagradas, pero deben comprender que la comunidad tiene sus raíces en la tradición católica.
ACOGE EL PLAN DE DIOS PARA TU EMPRESA
La Asociación de Empresas Consagradas te apoyará mientras integras tu fe con tu empresa, transformando tu lugar de trabajo con el amor de Dios.